• 18 de mayo de 2026

    La guerra iniciada por Estados Unidos en Irán ha tenido inmensos impactos en la economía que llevamos viendo desde el principio. Los precios del diésel y la gasolina se han disparado. El diésel a día de hoy ronda los 1’73€/litro y la gasolina 1’56€/litro. También han subido los precios del gas y la electricidad, además del precio de la cesta de la compra.

    Ante estas subidas, el gobierno aprobó algunas medidas tímidas. Además de subvenciones a empresas del sector del transporte y a los agricultores, se bajó el IVA de la electricidad y el gas, además del de los carburantes.

    El gobierno ha decidido volver a subir el IVA de la electricidad y el gas a partir de junio, con la excusa de que la inflación se redujo al 3,2% en abril con respecto al 3,4% de marzo. Aunque esta no es más que una excusa barata. Los precios no han bajado un 3,2%, sino que siguen subiendo pero a un ritmo menor (un 0,2% menos que el mes pasado). 

    Sin embargo, de momento no volverán a aumentar los impuestos sobre la producción de energía eléctrica ni los de hidrocarburos, que son los que pagan las empresas. Para sorpresa de pocos, quienes seguimos pagando las subidas de precios somos los trabajadores.

    Pero la subida de precios no es solo cosa del gobierno. Centrarse solo en los impuestos es no ver la gran parte del problema. Si los precios han subido, no es porque el mercado haga que suban mágicamente. 

    En la prensa y en las noticias se habla de los mercados, pero detrás de esos mercados no hay una fuerza imposible de controlar, ni una ley natural. Detrás de todas esas subidas de precio están las grandes empresas que alzan los precios voluntariamente para embolsarse beneficios millonarios haciendo negocio con las guerras.

    Tenemos el ejemplo de Repsol en España, que ha facturado un 157% más que el año pasado en el primer trimestre de 2026 gracias a la guerra de Irán. Y no solo las petroleras, las empresas energéticas, como Naturgy, también han generado beneficios extraordinarios gracias a que la situación mundial cada vez empeora más para millones de personas. 

    Las guerras son una oportunidad de oro para algunos pocos que se aprovechan de ellas. Para ellos, poco importa la democracia o los derechos humanos en nombre de los que nuestros países hacen esas guerras, lo importante es el bolsillo.

    En todo este escenario, es difícil creerse el discurso contra la guerra del gobierno, que al mismo tiempo que se opone a la guerra, apoya los beneficios de empresas que se lucran gracias a ella.

    Lo más básico sería confiscar todos los beneficios hechos gracias a la guerra, y ponerlos al servicio de nuestras necesidades, que sirvan para financiar la sanidad, la educación, etc. El gobierno no va a interponerse en las ganancias de los capitalistas, tendremos que ser los trabajadores organizados los que nos preparemos para hacerlo.

    El mismo perro con distinto collar

    Stellantis anuncia que la planta de Villaverde fabricará modelos de Leapmotor, pasando a manos de su empresa conjunta. 

    Antes era el cuento de la competencia china, ahora nos contarán el cuento de que les importa la fábrica. Lo único claro es que se organizan bien para defender sus beneficios.

    Tendremos que hacer igual los trabajadores para defender lo que es nuestro.  Empresa china o no, con Stellantis o con Leapmotor, lo que hace falta son sueldos que nos permitan vivir bien y trabajos fijos con garantías, ¡organicémonos para defenderlos!

  • El 1 de mayo, en sus orígenes en 1889, se planteó como un día de lucha conjunta para los trabajadores de todo el mundo. Desde entonces, este día ha sido una jornada de reivindicaciones mundiales, que unían a toda la clase trabajadora como una misma clase internacional, con los mismos intereses.

    Pero, ¿qué significa el 1 de mayo hoy?

    En la actualidad nos enfrentamos a un retroceso en nuestras condiciones de vida. Los salarios se mantienen bajos y a duras penas alcanzan para lo necesario mientras aumenta la inflación, reportando beneficios millonarios a un puñado de capitalistas; para la gran mayoría de la juventud la independencia es una perspectiva imposible; y los servicios públicos se deterioran cada vez más, con la asfixia de la educación pública y la privatización de la sanidad. Incluso la jornada de 8 horas- que fue la reivindicación principal del 1 de mayo- no está garantizada. Basta pensar en todos aquellos que se ven obligados a alargar mucho más su jornada haciendo horas extraordinarias o con varios trabajos.

    Sin embargo, este retroceso no se da únicamente en nuestras condiciones de vida. El sistema capitalista se ahoga cada vez más en una crisis.

    Alrededor del globo se generalizan las guerras. A diario, hay nuevos anuncios que nos hacen preguntarnos qué va a ser de este mundo. La guerra ya está presente en Irán, Líbano u otros países y ha causado miles de muertos y desplazados, sin hablar de zonas como el sur de Líbano o Beirut, su capital, que han sido convertidas en ruinas. Esta masacre también la hemos visto en Palestina, donde el estado de Israel ha asesinado a decenas de miles de palestinos y ha asolado Gaza.

    Los países imperialistas hacen y declaran la guerra, condenando a la muerte a centenas de miles de trabajadores, mientras los grandes capitalistas se llenan los bolsillos aprovechándose de la especulación en los mercados, de las nuevas materias primas a las que tienen acceso o del control de rutas comerciales.

    En nuestros países, también empieza a calar la idea de la guerra. Por todas partes nos bombardean con ideas nacionalistas. En Alemania o Francia se ofrece a los jóvenes hacer el servicio militar; con la guerra de Ucrania escuchamos que había que defender Europa contra el enemigo ruso; aparecen también propuestas de un ejército europeo… Cada vez más propaganda habla de la defensa de la “patria”.

    A todo esto, le sumamos el aumento por todo el mundo de ideas de extrema derecha, que también refuerzan el nacionalismo más asqueroso. Recientemente, en Extremadura y Aragón, los pactos que hablan de la “prioridad nacional” en las ayudas, y la lluvia de propuestas para frenar la inmigración y contra los migrantes. Pero también a nivel internacional, por ejemplo con el ICE y sus cazas de migrantes en EEUU.

    Precisamente hoy en día, frente al aumento de las ideas racistas y nacionalistas, defendemos que el internacionalismo es una cuestión de supervivencia para los trabajadores del mundo entero. 

    El capitalismo, cada vez más en decadencia, significa un futuro de guerras y de empeoramiento de nuestras condiciones. Si queremos acabar con él, el único camino que podemos encontrar es la lucha de la clase obrera a nivel mundial. Los trabajadores, por nuestro papel económico en la sociedad, porque nada funcionaría sin nosotros, tenemos la fuerza de cambiar la sociedad. La clase obrera, además, ha demostrado históricamente de lo que es capaz cuando lucha: el ejemplo más grande lo tenemos en la revolución rusa, donde los trabajadores consiguieron conquistar el poder y gestionar la sociedad. 

    Por todo ello, es necesario defender hoy en día que los trabajadores de todos los países y de todas las nacionalidades tenemos unos intereses comunes, que formamos una clase mundial capaz de transformar el mundo y acabar con la sociedad capitalista. 

    “Trabajadores del mundo, ¡unámonos!”. Hoy más que nunca, ¡Viva el internacionalismo obrero y viva el Primero de mayo!

  • 30 de abril de 2026

    Tras las elecciones de Extremadura y Aragón, el PP ha podido formar gobierno junto a Vox en base a unos acuerdos bastante polémicos, que atacan principalmente a los inmigrantes. 

    Se habla de no acoger más menores no acompañados, de eliminar las subvenciones a cualquier organización que preste ayuda a los migrantes, o incluso de la “prioridad nacional” en las prestaciones públicas, lo que puede implicar que se niegue en cierto momento la asistencia sanitaria a una persona extranjera. 

    Esto ocurre en una Comunidad Autónoma como Extremadura, en la que casi la mitad de sus pueblos están en riesgo de desaparecer por la despoblación, para que seamos conscientes de la magnitud de la manipulación a la que nos someten sobre el problema que supone compartir recursos con más personas.

    La hipocresía de los gobiernos en países ricos como el nuestro es insoportable. Los capitalistas han trasladado las fábricas a países pobres para maximizar beneficios explotando a la población, pero nos venden que quienes nos quitan el trabajo son los trabajadores migrantes. 

    Los gobiernos de nuestros países se benefician de un sistema que expolia los recursos del tercer mundo, crean guerras por todas partes que provocan millones de desplazados y refugiados, colocan dictaduras represivas… y después, cuando una mínima parte de esa miseria toca a nuestros países, en forma de personas que buscan simplemente una vida mejor, se les señala como la causa de todos nuestros males.

    Con la responsabilidad que tiene occidente en la miseria generada en el resto del mundo, lo mínimo sería que cualquier migrante pudiera cruzar una frontera sin jugarse la vida, y vivir como uno más allá donde vaya. Y lo deseable sería que nadie tuviera que huir de su país por la necesidad y la guerra.

    Contra esta política racista que busca dividir para dominar, la mejor respuesta es agruparnos todos los trabajadores. El verdadero enemigo es el empresario que nos paga mal, que cierra la fábrica para llevarla a otra parte, que nos explota. Si decidimos luchar, vamos a necesitar estar unidos. No podemos permitir que aplasten a ninguno de los nuestros. 

    Esta idea de los capitalistas de dividirnos no es nueva. En el pasado, el movimiento obrero se organizó en partidos internacionales para señalar que los trabajadores del mundo tenemos el mismo interés, depende de nosotros retomar este camino.

    1º de mayo: ¡viva el internacionalismo obrero!

    El 1 de mayo se creó en 1889 como un día de lucha común de todos los trabajadores del mundo. Hoy más que nunca, en un mundo lleno de ideas racistas y nacionalistas, defendemos que la clase obrera no debe tener divisiones ni fronteras. Estamos todos en la misma lucha

    Stellantis Poissy: una imagen vale más que mil palabras

    En la fábrica de Poissy, en París, la dirección anunció recientemente que ya no se producirían más coches, lo que ya da pistas sobre el futuro cierre. Durante varios años la dirección juraba y perjuraba que la fábrica seguiría activa. 

    Esto nos puede sonar cercano: tanto en Francia como en España o en otros lugares, la dirección envía a sus hombres sin escrúpulos para mentir y firmar despidos con los ojos cerrados

  • 17 de abril de 2026

    India: huelgas por los salarios

    En India, los trabajadores del sector automotriz luchan por aumentos salariales y se niegan a soportar las consecuencias del cierre del estrecho de Ormuz. Los precios de la gasolina, y por consiguiente los de los alimentos, se han disparado en tan solo unas semanas. Algunos trabajadores incluso han abandonado las fábricas para regresar a sus pueblos, ya que sus salarios no les permiten subsistir.

    Ante una oleada de huelgas y manifestaciones, los empresarios finalmente cedieron: en el estado de Haryana, donde se concentran muchas fábricas de automóviles, los trabajadores impusieron un aumento del 35% en el salario mínimo, elevándolo a 165 dólares al mes.

    En India, como aquí, cuando suben los precios, ¡los salarios tienen que subir también!

    Traducción del periódico Lutte Ouvrière.

    Testimonio de una compañera trabajadora de escuela infantil en huelga:

    Las trabajadoras de las escuelas infantiles (0 a 3 años) de Madrid estamos en huelga indefinida desde el 7 de abril. Reclamamos una subida de salarios y una bajada de ratios principalmente, entre otras mejoras laborales.

    Somos unas de tantas trabajadoras que cobran el salario mínimo interprofesional. Hace unos años no nos hubiéramos imaginado que seríamos capaces de ponernos en huelga, sobre todo en un sector en el que no conocemos tradición de lucha obrera. Con todo en contra, hemos sido capaces de levantar la cabeza y luchar.

    Por primera vez, nos levantamos por la mañana el lunes a trabajar para nosotras mismas, por nuestro interés común y no a las órdenes del jefe. Independientemente del desenlace de la huelga, es una experiencia de lucha y aprendizaje, donde podemos plantear nuestros problemas y pensar colectivamente.

    Este espíritu de lucha también puede servir para contagiar al resto de trabajadores y nos demuestran que hay una alternativa a resignarse: luchar.

    Stellantis: falta información sobre el futuro.

    Desde hace un tiempo es evidente que se hacen movimientos desde arriba, y reina la incertidumbre sobre qué va a pasar con la fábrica y los puestos de trabajo. El no dar ninguna información es natural para los capitalistas, que solo nos ven como mano de obra.

    Eso, o que a lo mejor no han encontrado aún a nadie de entre ellos capaz de redactar un comunicado

  • La empresa decide parar la producción y cerrar días entre semana, y al mismo tiempo pide ir a trabajar los sábados. Una multinacional tan prestigiosa que ni siquiera sabe organizar una jornada de 5 días de trabajo y 2 de descanso para su plantilla… más valdría que se pasaran al plan premium de Chat GPT

  • 26 de marzo de 2026

    La guerra contra Irán que iniciaron Estados Unidos e Israel está conmocionando a todo el planeta, principalmente a la población de los países atacados. En Irán, los bombardeos han asesinado a más de 1.200 personas. En Líbano se superan los 800 muertos y han sido desplazadas más de un millón de personas por los ataques de Israel, que trata de ocupar el sur del país y hace un infierno de ciudades como Beirut.

    Esta guerra también golpea al resto del mundo en forma de crisis económica e inflación. Durante las últimas semanas los precios se han disparado con la excusa del bloqueo del estrecho de Ormuz, aunque solo el 5% del petróleo que llega a España pasa por ese canal. Suben también los precios de los fertilizantes, lo que anticipa el aumento de los precios de los productos de alimentación y de consumo básico.

    En este escenario, todos piden su parte. Los agricultores reclaman ayudas. Las empresas de transporte, bonificaciones al combustible. Incluso millonarios como Juan Roig, el propietario de Mercadona, lloriquean diciendo que al subir las materias primas, muy a su pesar tendrá que subir los precios… Poca empatía despierta cuando acto seguido presenta su excelente cuenta de resultados.

    Los trabajadores tenemos peor suerte que cualquier mercancía. Todas tienen su subida inmediata de precio, pero nosotros tenemos el mismo salario congelado, como si no subiera también el coste para mantenernos.

    Estos señores empresarios respetan cada subida de energía y materias primas, no regatean su precio. Pero ante cualquier aumento del salario se vuelven intransigentes, y pelean como fieras aunque la subida sea mínima. Aunque es absurdo e incomprensible, una subida de salario que nos permita comprar 5 kilos de patatas es inadmisible en el capitalismo.

    Si todos los empresarios trasladan la subida de precios al producto, pero se niegan a aceptar la subida de los salarios, esto significa que somos nosotros los que estamos pagando con nuestros sueldos (ya de por sí bajos) la inflación. 

    Los ricos no van a apretarse el cinturón, ellos van a seguir manteniendo sus beneficios crecientes. Pero para que ellos vivan a todo trapo, nosotros vamos a tener que vivir peor. Estos son nuestros verdaderos enemigos, los tenemos todos en nuestro propio país, que no nos hablen de tiranos de otros pueblos.

    En esta crisis, las medidas que decide tomar el gobierno son ante todo complacientes con los empresarios: bajada del IVA en el consumo energético, subvenciones al sector del transporte y en la compra de fertilizante para los agricultores. Está por ver si esos 5.000 millones de dinero público no irán directos al bolsillo de los empresarios que se acojan a la bonificación pero sigan subiendo los precios del producto, como ya ocurrió la anterior vez que se bonificó el precio de la gasolina con la guerra de Ucrania.

    Para hacer frente a las subidas de precios necesitamos exigir un salario siempre acorde al IPC y prohibir la especulación. Claramente no es algo que nos vayan a regalar, solo podemos ejercer la presión necesaria luchando. Y ante todo, necesitamos arrancar del poder a esta clase social que especula y se beneficia de nuestro trabajo, de nuestro pan, y que nos manda a matar y morir por sus intereses en pueblos a miles de kilómetros de aquí.

  • 10 de marzo de 2026

    Traducción del periódico Lutte Ouvrière. Texto completo en lutte-ouvriere.org

    Tras meses de amenazas a Irán, el pasado 28 de febrero EEUU e Israel bombardearon Irán, desatando una guerra en toda la región. Irán respondió de vuelta lanzando misiles sobre Arabia Saudí, Qatar, Bahréin, Dubái y bases militares británicas en Chipre.

    Esta guerra ya ha superado los miles de muertos, entre ellos 175 niñas asesinadas en un bombardeo en su colegio, y no sabemos cuántos más van a venir. Los gobiernos de EEUU e Israel ya han demostrado que no tienen escrúpulos a la hora de matar, lo hemos visto en estos últimos años en Gaza. Han desolado la zona y se han llevado las vidas de 70.000 personas.

    Es entendible la alegría de los iraníes que celebraron la muerte de Ali Jamenei. Pero es una mentira que esta guerra se haya hecho para liberar a los iraníes de un régimen opresivo.

    El objetivo de EEUU no es defender al pueblo iraní, sino someterlo a sus intereses por la fuerza de las armas. EEUU quiere un régimen que esté a su merced en Irán. También lo quiere para Cuba, Venezuela o Groenlandia. Al igual que lo quería en Ucrania, lo que provocó la guerra con Rusia.

    Este es un paso más en el camino hacia la guerra mundial. Y, a su escala, nuestros propios dirigentes contribuyen a la carrera bélica. Los presidentes alemán, británico y francés se han puesto detrás de Trump. Pedro Sánchez dice que su posición es “no a la guerra”, pero esta afirmación parece una broma, cuando vemos que en 5 años el gasto militar se ha duplicado, y se envía ahora una fragata a Chipre. Aunque Sánchez sea el dirigente que más enseña los dientes, sin duda sigue en el mismo bando que EEUU. España sigue formando parte de la OTAN y tiene en su territorio las bases estadounidenses de Rota y Morón.

    Es una locura que, en pleno 2026, en un mundo lleno de recursos, con infinidad de conocimientos, avances, de medios y posibilidades para satisfacer las necesidades de toda la población, la humanidad vaya hacia su destrucción con el rearme a toda velocidad.

    Nos llevan hacia una guerra generalizada por los intereses de unos pocos ricos, que acumulan dinero hasta el absurdo y viven en una batalla salvaje por aumentar sus beneficios como sea. Es por los intereses de este puñado de buitres por los que tendrán que pagar nuestros hijos en el futuro. ¡Los intereses de quienes no hacen más que pisotear a los trabajadores!

    Nos sentimos impotentes e incapaces de impedirlo. Es una tragedia, porque el peso de los trabajadores en la sociedad es tan grande que somos los únicos que podrían poner freno a una posible guerra. Por ello es urgente retomar la conciencia de clase, y trabajar para construir organizaciones de trabajadores. Debemos tomar el poder de la sociedad y gestionarla nosotros mismos.

  • 27 de Febrero de 2026

    Una vez más desde la izquierda del parlamento se oyen voces que llaman a la unidad o la reunificación de los partidos de izquierdas. Esta vez quien lleva la voz cantante es Gabriel Rufián, que se ha ganado cierto respeto entre la gente. Sus discursos en el parlamento señalan ciertas verdades, en un entorno de pura mentira y de basura política. La derecha es tan radicalmente retrógrada que hace más fácil a candidatos como Rufián ganarse simpatías.

    Esta propuesta no es una invención nueva. La misma estrategia de juntar una izquierda fragmentada para hacer frente a la extrema derecha en las urnas. Una extrema derecha que, sin embargo, en cada barómetro electoral va ganando más apoyo.

    Pero ¿de dónde sale este apoyo a la extrema derecha? No es una moda o algo traído por Trump. Estamos en una crisis profunda. Las condiciones de vida de los trabajadores están decayendo sin cesar y no hay perspectivas de mejorar. La izquierda hace tiempo que dejó de ser una opción de mejorar la vida del trabajador. Podemos no sirvió para mucho más que cosechar una nueva decepción de muchos de los que habían depositado sus esperanzas en ese nuevo partido. La frustración es general, y la extrema derecha en este escenario es una opción fácil.

    Y lo peor de todo es cuando algunos partidos de la izquierda hablan de que quieren recuperar nuestra ilusión. ¿De ilusión se vive? ¿Acaso se pagan las facturas con ilusión? Nada más lejos: jugar con la ilusión de los trabajadores una y otra vez solo acumula decepciones. 

    Es entendible el miedo y el rechazo a la extrema derecha de una gran parte de nosotros, que vemos en gobiernos como el de Trump, de Milei, y en tantos más alrededor del mundo, un peligro mortal para los trabajadores. La extrema derecha ataca en sus discursos con especial fuerza a los migrantes. Pero ese es solo un primer escalón dentro del ataque a los trabajadores en su conjunto, como se ha demostrado por ejemplo en Argentina con la nueva reforma laboral que permite extender la jornada a 12 horas.

    Pero no va a haber un salvador supremo contra la extrema derecha y la crisis que hace que crezcan estas ideas. Por qué confiar en quien desde arriba nos promete soluciones, si nadie nunca nos ha regalado nada. Si alguien ha demostrado ser capaz de plantar cara a la extrema derecha ha sido la clase obrera organizada. Si en el año 36 el golpe de Estado no triunfó y necesitó de 3 años de guerra fue gracias a los obreros que en cada ciudad tomaron las armas, fueron a los cuarteles a por los militares, y formaron sus propias milicias.

    Solo nosotros mismos podemos salvarnos. Por ello, hace falta que los trabajadores se agrupen, que podamos poner nuestras ideas en común, discutir y organizarnos. Tenemos ejemplos actuales de esto: en Minneapolis se ha podido limitar de cierta manera la acción del ICE gracias a la unión y la lucha de la población. Este es el camino a seguir.

  • 11 de febrero 2026

    Solo llevamos un mes en 2026 y ya estamos presenciando una escalada de las tensiones políticas, económicas y bélicas en el mundo.

    El 3 de enero el gobierno de EEUU ordenó el bombardeo sobre Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro. Este ataque, en las mismas palabras de Trump, tenía el objetivo de controlar el país, sobre todo, la explotación del petróleo. A día de hoy EEUU está generando beneficios del petróleo venezolano por valor de 500 millones de dólares.

    Trump aprovechó para amenazar también a Colombia y Cuba. Conocemos también las ansias de dominar Groenlandia. Estos días se está negociando con Irán, bajo la amenaza de una intervención armada. Y mientras, comienzan a ejecutar ya su nuevo gobierno de directorio sobre la Gaza derrotada, asolada y aún bombardeada.

    Podremos pensar que Trump y compañía están locos, lo parecen. Pero no es más que una locura que corresponde a esta clase social degenerada que se aferra al poder desde hace ya demasiado tiempo y cada vez está más podrida.

    Los capitalistas estadounidenses se comportan como gangsters, hacen uso de su potente Estado para defender sus intereses por encima del resto de capitalistas del mundo, ya sea imponiendo aranceles o con las armas.

    Los capitalistas españoles y europeos siempre les acompañan en su rastro de destrucción para participar del botín dentro de lo que se les permita, como ahora está participando Repsol del petróleo de Venezuela. Y si  hay un discurso institucional que se oponga de alguna manera a Trump en Europa, es solo para defender sus propias parcelas de dominación. En el fondo no son más que berrinches que le hacen a papá cuando este les castiga.

    Aunque se quejen, no les va nada mal. El IBEX 35 ha batido récords históricos, y el Santander acaba de lograr beneficios inauditos en el recorrido de la banca española.

    Al menos así podemos entender el motivo de nuestras privaciones: la falta de acceso a la vivienda, la inflación y los salarios tan bajos. No importa la nacionalidad, en todos los países los trabajadores vivimos con carencias para enriquecer a los capitalistas del mundo.

    Si queremos saber algunos nombres de esta clase dominante y sus colaboradores podemos consultar la lista Epstein. Nos venden a los capitalistas como personas superiores, con grandes cualidades que les han llevado a la posición que ocupan en la sociedad…pero no son más que unos explotadores, además de degenerados violadores y pederastas. Igual que tienen impunidad para disponer de los pobres a su antojo para sus empresas, no es de extrañar que hagan lo mismo fuera.

    Las leyes y la moralidad son solo para nosotros los pobres. Un invento para mantenernos explotados y sumisos. Pero a todo cerdo le llega su san martín. Ya es hora de que los trabajadores arranquen a esta calaña de una vez por todas del poder, como hicieron los rusos en 1917.

  • 23 de enero 2026

    Hace ya casi un mes que comenzó la oleada de protestas que recorren Irán. La chispa que las hizo estallar fue la brutal inflación que hay en el país, agravada por las sanciones económicas de EEUU. Esta vez los comerciantes fueron los primeros en salir a las calles, pero estas protestas se han extendido rápidamente a estudiantes, feministas y la clase obrera. Y ya no solo se trata de un problema de precios, sino que la población protesta contra un régimen opresivo y dictatorial, que aplasta cada vez más a los que menos tienen.

    Las protestas han sido duramente reprimidas por el gobierno del ayatollah Khameni: se han cortado las telecomunicaciones y se habla de al menos 3.000 asesinados y unos 20.000 detenidos, entre ellos 800 se enfrentan a la pena de muerte.

    Trump de la manera más cínica posible, amenaza con intervenir si continúa la represión, cuando tienen la responsabilidad de imponer las sanciones que estrangulan al pueblo. Y mientras, aparece el hijo del Shah proponiéndose como nuevo caudillo, como si los iraníes no conocieran ya la dictadura de la monarquía del Shah, contra la que se rebelaron en 1979.

    La lucha de los trabajadores iraníes puede ser determinante para generar algo más que el paso de un dictador a otro que no será muy diferente. Puede ser un primer paso para transformar la sociedad entera, quitándole el poder a una minoría explotadora para que la sociedad pueda ser organizada por los trabajadores.

    Recogemos, a continuación, un llamamiento firmado por los Consejos Obreros de la ciudad de Arak, que se sitúa a unos 300km de Teherán. Este llamamiento nos ayuda a entender cuál puede ser la fuerza de los trabajadores, nuestra organización para gobernar la sociedad:

    “Durante décadas, nuestro trabajo ha sido respondido con balas y nuestras demandas con penas de prisión. Pero hoy, el silencio ha terminado. Nosotros, los trabajadores de las fábricas de Arak, seguiremos luchando y declaramos claramente:

    A partir de ahora, la gestión de las fábricas Makine Sazi, Azarab y Vagon Pars estará en manos de consejos obreros elegidos por los propios trabajadores. Ya no reconocemos a los líderes designados por el Estado ni a los sindicatos títeres del régimen. Nuestra huelga ya no es por salarios. Pedimos a los ciudadanos de Arak que creen consejos vecinales para gestionar la seguridad y la logística. Las fábricas son nuestro hogar.

    Defensa de los soldados: Hacemos un llamamiento a nuestros hermanos del ejército: No se conviertan en los asesinos de sus propios padres. Si se unen a nosotros, nuestros consejos garantizarán su seguridad y la de sus familias.

    Ultimátum al régimen: cualquier intento de entrar por la fuerza en los complejos industriales o arrestar a nuestros representantes se considerará una declaración de guerra contra toda la ciudad. Si se derrama una sola gota de sangre obrera, las llamas de la revuelta no dejarán rastro de las autoridades.

    No estamos aquí simplemente para exigir el pago de salarios pendientes. Estamos aquí para decidir cómo deben gestionarse estas fábricas y este país. El reinado de patrones y mulás ha terminado.”