18 de mayo de 2026

La guerra iniciada por Estados Unidos en Irán ha tenido inmensos impactos en la economía que llevamos viendo desde el principio. Los precios del diésel y la gasolina se han disparado. El diésel a día de hoy ronda los 1’73€/litro y la gasolina 1’56€/litro. También han subido los precios del gas y la electricidad, además del precio de la cesta de la compra.

Ante estas subidas, el gobierno aprobó algunas medidas tímidas. Además de subvenciones a empresas del sector del transporte y a los agricultores, se bajó el IVA de la electricidad y el gas, además del de los carburantes.

El gobierno ha decidido volver a subir el IVA de la electricidad y el gas a partir de junio, con la excusa de que la inflación se redujo al 3,2% en abril con respecto al 3,4% de marzo. Aunque esta no es más que una excusa barata. Los precios no han bajado un 3,2%, sino que siguen subiendo pero a un ritmo menor (un 0,2% menos que el mes pasado). 

Sin embargo, de momento no volverán a aumentar los impuestos sobre la producción de energía eléctrica ni los de hidrocarburos, que son los que pagan las empresas. Para sorpresa de pocos, quienes seguimos pagando las subidas de precios somos los trabajadores.

Pero la subida de precios no es solo cosa del gobierno. Centrarse solo en los impuestos es no ver la gran parte del problema. Si los precios han subido, no es porque el mercado haga que suban mágicamente. 

En la prensa y en las noticias se habla de los mercados, pero detrás de esos mercados no hay una fuerza imposible de controlar, ni una ley natural. Detrás de todas esas subidas de precio están las grandes empresas que alzan los precios voluntariamente para embolsarse beneficios millonarios haciendo negocio con las guerras.

Tenemos el ejemplo de Repsol en España, que ha facturado un 157% más que el año pasado en el primer trimestre de 2026 gracias a la guerra de Irán. Y no solo las petroleras, las empresas energéticas, como Naturgy, también han generado beneficios extraordinarios gracias a que la situación mundial cada vez empeora más para millones de personas. 

Las guerras son una oportunidad de oro para algunos pocos que se aprovechan de ellas. Para ellos, poco importa la democracia o los derechos humanos en nombre de los que nuestros países hacen esas guerras, lo importante es el bolsillo.

En todo este escenario, es difícil creerse el discurso contra la guerra del gobierno, que al mismo tiempo que se opone a la guerra, apoya los beneficios de empresas que se lucran gracias a ella.

Lo más básico sería confiscar todos los beneficios hechos gracias a la guerra, y ponerlos al servicio de nuestras necesidades, que sirvan para financiar la sanidad, la educación, etc. El gobierno no va a interponerse en las ganancias de los capitalistas, tendremos que ser los trabajadores organizados los que nos preparemos para hacerlo.

El mismo perro con distinto collar

Stellantis anuncia que la planta de Villaverde fabricará modelos de Leapmotor, pasando a manos de su empresa conjunta. 

Antes era el cuento de la competencia china, ahora nos contarán el cuento de que les importa la fábrica. Lo único claro es que se organizan bien para defender sus beneficios.

Tendremos que hacer igual los trabajadores para defender lo que es nuestro.  Empresa china o no, con Stellantis o con Leapmotor, lo que hace falta son sueldos que nos permitan vivir bien y trabajos fijos con garantías, ¡organicémonos para defenderlos!

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