El 1 de mayo, en sus orígenes en 1889, se planteó como un día de lucha conjunta para los trabajadores de todo el mundo. Desde entonces, este día ha sido una jornada de reivindicaciones mundiales, que unían a toda la clase trabajadora como una misma clase internacional, con los mismos intereses.
Pero, ¿qué significa el 1 de mayo hoy?
En la actualidad nos enfrentamos a un retroceso en nuestras condiciones de vida. Los salarios se mantienen bajos y a duras penas alcanzan para lo necesario mientras aumenta la inflación, reportando beneficios millonarios a un puñado de capitalistas; para la gran mayoría de la juventud la independencia es una perspectiva imposible; y los servicios públicos se deterioran cada vez más, con la asfixia de la educación pública y la privatización de la sanidad. Incluso la jornada de 8 horas- que fue la reivindicación principal del 1 de mayo- no está garantizada. Basta pensar en todos aquellos que se ven obligados a alargar mucho más su jornada haciendo horas extraordinarias o con varios trabajos.
Sin embargo, este retroceso no se da únicamente en nuestras condiciones de vida. El sistema capitalista se ahoga cada vez más en una crisis.
Alrededor del globo se generalizan las guerras. A diario, hay nuevos anuncios que nos hacen preguntarnos qué va a ser de este mundo. La guerra ya está presente en Irán, Líbano u otros países y ha causado miles de muertos y desplazados, sin hablar de zonas como el sur de Líbano o Beirut, su capital, que han sido convertidas en ruinas. Esta masacre también la hemos visto en Palestina, donde el estado de Israel ha asesinado a decenas de miles de palestinos y ha asolado Gaza.
Los países imperialistas hacen y declaran la guerra, condenando a la muerte a centenas de miles de trabajadores, mientras los grandes capitalistas se llenan los bolsillos aprovechándose de la especulación en los mercados, de las nuevas materias primas a las que tienen acceso o del control de rutas comerciales.
En nuestros países, también empieza a calar la idea de la guerra. Por todas partes nos bombardean con ideas nacionalistas. En Alemania o Francia se ofrece a los jóvenes hacer el servicio militar; con la guerra de Ucrania escuchamos que había que defender Europa contra el enemigo ruso; aparecen también propuestas de un ejército europeo… Cada vez más propaganda habla de la defensa de la “patria”.
A todo esto, le sumamos el aumento por todo el mundo de ideas de extrema derecha, que también refuerzan el nacionalismo más asqueroso. Recientemente, en Extremadura y Aragón, los pactos que hablan de la “prioridad nacional” en las ayudas, y la lluvia de propuestas para frenar la inmigración y contra los migrantes. Pero también a nivel internacional, por ejemplo con el ICE y sus cazas de migrantes en EEUU.
Precisamente hoy en día, frente al aumento de las ideas racistas y nacionalistas, defendemos que el internacionalismo es una cuestión de supervivencia para los trabajadores del mundo entero.
El capitalismo, cada vez más en decadencia, significa un futuro de guerras y de empeoramiento de nuestras condiciones. Si queremos acabar con él, el único camino que podemos encontrar es la lucha de la clase obrera a nivel mundial. Los trabajadores, por nuestro papel económico en la sociedad, porque nada funcionaría sin nosotros, tenemos la fuerza de cambiar la sociedad. La clase obrera, además, ha demostrado históricamente de lo que es capaz cuando lucha: el ejemplo más grande lo tenemos en la revolución rusa, donde los trabajadores consiguieron conquistar el poder y gestionar la sociedad.
Por todo ello, es necesario defender hoy en día que los trabajadores de todos los países y de todas las nacionalidades tenemos unos intereses comunes, que formamos una clase mundial capaz de transformar el mundo y acabar con la sociedad capitalista.
“Trabajadores del mundo, ¡unámonos!”. Hoy más que nunca, ¡Viva el internacionalismo obrero y viva el Primero de mayo!
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