7 de octubre de 2026
El desahucio de Maricarmen fue la gota que colmó el vaso para muchos. La injusticia es inaceptable. Que una persona de 87 años fuera echada a la calle simplemente porque un fondo de inversión compró la casa en la que vivía y quería sacarle más del doble de rentabilidad. Pero el de Maricarmen es solo un caso de tantos. Si ahora ha habido un estallido es porque veníamos aguantando durante demasiado tiempo una situación insostenible con la vivienda.
Es intolerable que a estas alturas de la vida, mientras los ricos hacen viajes privados al espacio, los trabajadores estemos retrocediendo décadas en condiciones de vida. No puede ser que lo más básico para la existencia del ser humano, como es un techo, agua y comida, cada vez sea más inaccesible. Nuestras necesidades no son un negocio.
Los humanos desde que lo somos, siempre hemos vivido en refugios. Pero el capitalismo nos roba ese derecho para hacer un negocio muy lucrativo. Y la jugada les sale redonda: no solo enriquecemos al casero o propietarios de pisos, también damos de comer a los prestamistas. Cuando se arruinan las vidas de familias que no pueden pagar el alquiler, o la hipoteca y se desahucia hasta a los padres que pusieron su casa de aval, los bancos sólo ven números positivos. Todos los suicidios por desahucios son asesinatos de banqueros, capitalistas y de los políticos cómplices.
Es de celebrar que gran parte de la juventud (y no tan jóvenes) en todo el país haya dicho basta. Han llenado las plazas dispuestos a pelear por que no haya ni un desahucio más, por que todos podamos tener acceso a una vivienda digna, por un precio acorde a nuestros ingresos, por parar la especulación con las casas en las ciudades, prohibir la compra por parte de los fondos buitre… Reivindicaciones todas ellas necesarias y urgentes.
Por ahora, el mérito es haber obligado al gobierno a presentar dos decretos que, si bien no han sido aprobados, han demostrado que en menos de una semana se ha presionado al gobierno a hacer lo que no hizo por su cuenta en 8 años. Estos dos decretos eran del todo insuficientes, ya que no tocaban los intereses privados en absoluto, ni se acercaban a solucionar la enorme crisis de vivienda que tenemos.
Pero sobre todo el mérito del movimiento es haber reunido a tanta gente con los mismos problemas, que se paran y empiezan a hablar, a compartirlo con sus amigos, compañeros, familiares… Que dejan de bregar con sus problemas solos y les dan un sentido colectivo, y se dan cuenta de que si no puedes pagar tu casa no es un problema tuyo, sino de todos. Se escuchan testimonios de personas para las que acudir a las plazas les ha sacado la tristeza de no llegar a fin de mes y de la precariedad habitacional.
Ahora el movimiento se plantea cada vez más la necesidad de organizar una huelga general. Si bien nos ha servido ocupar las plazas y pasar horas en hablar de nuestros problemas comunes, tenemos que preguntarnos cómo podemos ser una verdadera amenaza. Donde de verdad les duele es cuando paramos en el trabajo y les hacemos perder dinero. Si queremos ganar, es necesario que este movimiento sea obrero, que la lucha empiece en los centros de trabajo.
La vivienda, los salarios, la inflación, las condiciones laborales… sobran motivos para ir a una huelga general. Se ve cada vez más claro que el camino es la lucha obrera. Y también que nosotros, los trabajadores, ¡podremos organizar mejor este desastre de sociedad!
Gobierne quien gobierne…
El gobierno decide adelantar las elecciones. Cada partido se pone manos a la obra a preparar la jugada. La derecha intentando sacar provecho de inventar problemas entorno a los migrantes en Ceuta, la izquierda esperando poder sacar votos de la gran movilización por la vivienda. No compremos sus estrategias electorales.
Por ganar votos, la izquierda es capaz de vendernos, como ya hizo, que si ganan en mayoría solucionarán el problema de la vivienda. Pero han pasado 8 años de gobierno progresista y lejos de solucionarse el problema, ha empeorado. El capitalismo cada vez entra en crisis más duras y nos va a exprimir todo lo que pueda, los políticos son meros gestores de esa crisis, ni pretenden ni pueden solucionar nuestros problemas.
En el 15M ya consiguieron desvanecer indignación y movilización popular por las urnas con la creación de Podemos. Que no nos rompan otra vez la lucha colectiva; nuestros problemas no los solucionará nadie que no seamos los trabajadores mismos. No dejemos de hablar de huelga general.

