• 7 de octubre de 2026

    El desahucio de Maricarmen fue la gota que colmó el vaso para muchos. La injusticia es inaceptable. Que una persona de 87 años fuera echada a la calle simplemente porque un fondo de inversión compró la casa en la que vivía y quería sacarle más del doble de rentabilidad. Pero el de Maricarmen es solo un caso de tantos. Si ahora ha habido un estallido es porque veníamos aguantando durante demasiado tiempo una situación insostenible con la vivienda.

    Es intolerable que a estas alturas de la vida, mientras los ricos hacen viajes privados al espacio, los trabajadores estemos retrocediendo décadas en condiciones de vida. No puede ser que lo más básico para la existencia del ser humano, como es un techo, agua y comida, cada vez sea más inaccesible. Nuestras necesidades no son un negocio.

    Los humanos desde que lo somos, siempre hemos vivido en refugios. Pero el capitalismo nos roba ese derecho para hacer un negocio muy lucrativo. Y la jugada les sale redonda: no solo enriquecemos al casero o propietarios de pisos, también damos de comer a los prestamistas. Cuando se arruinan las vidas de familias que no pueden pagar el alquiler, o la hipoteca y se desahucia hasta a los padres que pusieron su casa de aval, los bancos sólo ven números positivos. Todos los suicidios por desahucios son asesinatos de banqueros, capitalistas y de los políticos cómplices.

    Es de celebrar que gran parte de la juventud (y no tan jóvenes) en todo el país haya dicho basta. Han llenado las plazas dispuestos a pelear por que no haya ni un desahucio más, por que todos podamos tener acceso a una vivienda digna, por un precio acorde a nuestros ingresos, por parar la especulación con las casas en las ciudades, prohibir la compra por parte de los fondos buitre… Reivindicaciones todas ellas necesarias y urgentes.

    Por ahora, el mérito es haber obligado al gobierno a presentar dos decretos que, si bien no han sido aprobados, han demostrado que en menos de una semana se ha presionado al gobierno a hacer lo que no hizo por su cuenta en 8 años. Estos dos decretos eran del todo insuficientes, ya que no tocaban los intereses privados en absoluto, ni se acercaban a solucionar la enorme crisis de vivienda que tenemos.

    Pero sobre todo el mérito del movimiento es haber reunido a tanta gente con los mismos problemas, que se paran y empiezan a hablar, a compartirlo con sus amigos, compañeros, familiares… Que dejan de bregar con sus problemas solos y les dan un sentido colectivo, y se dan cuenta de que si no puedes pagar tu casa no es un problema tuyo, sino de todos. Se escuchan testimonios de personas para las que acudir a las plazas les ha sacado la tristeza de no llegar a fin de mes y de la precariedad habitacional.

    Ahora el movimiento se plantea cada vez más la necesidad de organizar una huelga general. Si bien nos ha servido ocupar las plazas y pasar horas en hablar de nuestros problemas comunes, tenemos que preguntarnos cómo podemos ser una verdadera amenaza. Donde de verdad les duele es cuando paramos en el trabajo y les hacemos perder dinero. Si queremos ganar, es necesario que este movimiento sea obrero, que la lucha empiece en los centros de trabajo.

    La vivienda, los salarios, la inflación, las condiciones laborales… sobran motivos para ir a una huelga general. Se ve cada vez más claro que el camino es la lucha obrera. Y también que nosotros, los trabajadores, ¡podremos organizar mejor este desastre de sociedad!

    Gobierne quien gobierne…

    El gobierno decide adelantar las elecciones. Cada partido se pone manos a la obra a preparar la jugada. La derecha intentando sacar provecho de inventar problemas entorno a los migrantes en Ceuta, la izquierda esperando poder sacar votos de la gran movilización por la vivienda. No compremos sus estrategias electorales.

    Por ganar votos, la izquierda es capaz de vendernos, como ya hizo, que si ganan en mayoría solucionarán el problema de la vivienda. Pero han pasado 8 años de gobierno progresista y lejos de solucionarse el problema, ha empeorado. El capitalismo cada vez entra en crisis más duras y nos va a exprimir todo lo que pueda, los políticos son meros gestores de esa crisis, ni pretenden ni pueden solucionar nuestros problemas.

    En el 15M ya consiguieron desvanecer indignación y movilización popular por las urnas con la creación de Podemos. Que no nos rompan otra vez la lucha colectiva; nuestros problemas no los solucionará nadie que no seamos los trabajadores mismos. No dejemos de hablar de huelga general.

  • 15 de septiembre de 2026

    Desde que este verano entraran decenas de miles de migrantes por la frontera de Ceuta, estamos viviendo un repunte de xenofobia. Parece que ahora por todo el país, un grupo de población ha tomado la confianza suficiente para increpar y dar palizas a extranjeros, manifestarse con cánticos nazis y símbolos franquistas, dar palizas al grito de “rojos de mierda”. Y no solo esta minoría violenta, sino que se está normalizando el odio a los migrantes entre los propios trabajadores.

    Han creado un discurso entorno a una supuesta invasión y aunque un periodista tras otro intenta encontrar pruebas de un complot del que todos estos jóvenes marroquís son partícipes, solo encuentran personas con sueños, que nos recuerdan mucho a los nuestros: poder tener un trabajo, un salario que permita vivir, tener un techo y poder formar una familia. La única diferencia entre estos jóvenes y nosotros es que nosotros tenemos el privilegio de poder ir a Europa a buscar una vida mejor de manera legal.

    Si la ciudad de Ceuta se encuentra saturada, ¿por qué no se les permite a los migrantes pasar a Europa y tener permiso de trabajo? Que no es ni más ni menos que lo que reclaman. En cualquier caso, resulta injusto que los europeos clamen al cielo por la presencia de africanos, en un pequeño territorio en África…

    Para los ricos, la inmigración no es en realidad ningún problema, sino que sacan provecho de poder explotar a unos trabajadores con menos derechos y más miedo. De hecho, las empresas europeas no tienen ningún problema en instalar sus fábricas allá donde deseen y pagar unos salarios de miseria para unos empleos de pésimas condiciones. Si algunos escapan de la miseria que han creado, aún les ponen concertinas y les devuelven.

    Desde hace siglos las clases dominantes utilizan el racismo como arma de desunión de los trabajadores y de distracción del verdadero enemigo. Marcos de Quinto llegó a Ceuta con su flotilla de yates, explicándonos, botellín en mano, en una entrevista que estos inmigrantes son el problema y que llegaban a defendernos con su flotilla civil. ¿Y los trabajadores tenemos que fiarnos de este tipo? Obviando la caricatura que representan, no hay que olvidar que este hombre fue el director de Coca Cola España, responsable del cierre de la planta de Fuenlabrada y de dejar a 600 trabajadores en la calle.

    Si a los trabajadores pueden sembrarnos este odio es porque tenemos demasiadas carencias y frustraciones como para vivir en paz. Vivimos  en una sociedad en la que hay que competir por un trabajo, una vivienda y por casi todo. En períodos de crisis como el actual, la competencia se vuelve más dura y no son pocos los que dirigen el odio hacia los migrantes. De estas crisis cada vez peores sólo podemos esperar más crueldad.

    Pero también tenemos en nosotros mismos la semilla de lo que podría devolvernos la humanidad. Tenemos que darnos cuenta de que no es haciéndole la vida imposible al que está un poco por debajo de nosotros que vamos a mejorar nuestra situación. Nativos y migrantes compartimos el mismo enemigo, y este no tiene nacionalidad, es la clase capitalista del mundo entero. Son los propietarios de Inditex, Repsol, Stellantis, Airbus, Amazon, Tesla, Carrefour… que deciden lo que nos pagan y también lo que vamos a pagar.

    Nuestra mejor arma contra los ataques generalizados a nuestras condiciones de vida será siempre la unión de todos los trabajadores sin importar el origen.

  • 3 de agosto de 2026

    Original disponible en: https://lutte-ouvriere.org/portail/editoriaux/menace-vient-immigres-ceuta-propres-dirigeants-196142.html

    La llegada de varias decenas de miles de jóvenes marroquíes a Ceuta, enclave español en el continente africano, ha provocado inmediatamente un estallido de mentiras. No solo la derecha y la extrema derecha, sino también la mayoría de los gobernantes europeos, a los que se unió Trump en Estados Unidos, han hablado de una “invasión” de la que habría que defenderse.

    El hecho de que haya habido un centenar de muertos no les ha hecho derramar ni una lágrima. Tampoco les ha importado que los migrantes tuvieran que estar horas y horas a la intemperie, sin más ropa que la que llevaban puesta, sin dinero ni acceso a un mínimo de higiene, expuestos a la violencia de los militares y de algunos habitantes. “Creíamos alcanzar el paraíso y nos encontramos en el infierno”, resumía uno de ellos antes de regresar a Marruecos, como hizo la gran mayoría.

    ¡Libertad de circulación para todos los trabajadores!

    Estos jóvenes, entre los que había muchos adolescentes de menos de 15 años, han querido huir de la pobreza y del desempleo, que en Marruecos afecta a casi la mitad de la juventud.

    Poder trabajar y cumplir así sus sueños era su único objetivo, el mismo que tienen todos los jóvenes de su edad en el mundo. La libertad de desplazarse y el derecho a instalarse allí donde los trabajadores puedan ganarse la vida debería ser un derecho elemental. ¡Que los jóvenes estén obligados a arriesgar la vida para conseguirlo es indignante!

    El presidente del gobierno español, Sánchez, anunció el envío de policías, militares y tanques, calificando la situación como “un ataque, una violación de la integridad territorial de España”. Pero ¿qué decir de la integridad del territorio marroquí, cuando las ciudades de Ceuta y Melilla son restos del colonialismo español?

    Todos los dirigentes europeos sabían perfectamente que esos miles de jóvenes no iban a poder acceder a España ni a la Unión Europea. Ceuta está sometida a un régimen excepcional por el que el acceso al resto de Europa es tan difícil como desde Marruecos. Aun así, Macron multiplicó por cinco el número de policías y gendarmes en la frontera franco‑española.

    Las mentiras de los dirigentes europeos

    La palma del cinismo se la lleva la primera ministra italiana de extrema derecha, Meloni, que anunció la suspensión de la libre circulación del espacio Schengen con respecto a España, pese a que Italia no comparte ninguna frontera con España. Casi todos los demás dirigentes de la Unión Europea siguieron el mismo camino. Todos mintieron deliberadamente porque están de acuerdo en presentar la inmigración como el principal peligro de nuestro tiempo. Pero es una maniobra de distracción tan despreciable como peligrosa, utilizada por la extrema derecha, campeona del repliegue nacionalista, y por muchos otros políticos.

    Todos quieren hacer creer a los trabajadores que los inmigrantes representan una amenaza, y que las fronteras pueden protegernos del desempleo y de la pobreza. Pero los verdaderos responsables del desempleo, la precariedad y los bajos salarios son, ante todo, las patronales. Y hacerlas retroceder depende exclusivamente de las luchas que los trabajadores sean capaces de llevar a cabo para enfrentarse a su voracidad. Quienes repiten que “no se puede acoger toda la miseria del mundo” defienden en realidad la resignación y quieren que aceptemos, como si fuera un destino inevitable, el estado catastrófico de los hospitales y de todos los servicios públicos más esenciales.

    Combatir a los verdaderos responsables de la miseria

    Los verdaderos responsables de la miseria, tanto en Francia como en los demás países, son los accionistas de los gigantes del CAC 40, cuyos beneficios aumentaron más de un 44 % durante el primer semestre de 2026, hasta alcanzar los 74.930 millones de euros. Una minoría de burgueses inmensamente ricos, 153 familias multimillonarias, acapara la riqueza producida por millones de trabajadores. Una minoría de capitalistas, con los gobernantes a su servicio, organiza la explotación de todos los pueblos y el saqueo de los recursos de los países pobres. Sus rivalidades y sus guerras destruyen regiones enteras del mundo y las convierten en lugares inhabitables.

    Todo esto es lo que quieren que olvidemos poniendo la inmigración como cabeza de turco. Garantizar a todos una vida a la altura de las inmensas posibilidades que encierra la sociedad solo será posible derribando el capitalismo. Sin importar su nacionalidad, origen o religión, los trabajadores tienen que rechazar las divisiones para poder luchar conjuntamente contra sus explotadores.

  • 29 de julio de 2026

    Original publicado en: https://lutte-ouvriere.org/portail/

    Desde el 1 de julio, una gran parte de los trabajadores de Airbus en España estaba en huelga. Esta fue suspendida el 24 de julio por decisión de un sindicato, en contra de la voluntad de los huelguistas.

    Desde el franquismo, existe una serie de barreras legales destinadas a limitar las huelgas, entre ellas la obligación de que un sindicato registre un preaviso de huelga. En Airbus, fue bajo la presión de los trabajadores como el sindicato SIPA se vio obligado a presentar un preaviso de huelga del 1 al 31 de julio. Seguramente SIPA no imaginaba que la huelga tendría tanto éxito en la planta de Getafe y que se extendería a las dos fábricas de Sevilla, así como a las de Illescas, Albacete y Cádiz.

    Desde el 1 de julio, la huelga no había hecho más que fortalecerse. El 16 de julio, una impresionante manifestación en Getafe reunió al menos a 4.000 trabajadores. El 23 de julio fue el turno de los trabajadores de Sevilla y Cádiz, que se manifestaron conjuntamente. Durante la tercera semana de huelga, las asambleas seguían siendo multitudinarias y los piquetes continuaban siendo muy numerosos. El principal tema de debate era cómo reanudar la huelga tras el parón de las vacaciones de principios de agosto.

    Sin embargo, en la madrugada del 22 de julio, dos de los sindicatos implicados en la huelga, SIPA y ATP, firmaron junto con Comisiones Obreras un preacuerdo con la dirección, a espaldas de los huelguistas. Evidentemente, estos sindicatos intentaron presentarlo como una victoria: una subida salarial del 5 % en 2026 y otro 5 % en 2027, una prima de 2.000 euros, la promesa de tener en cuenta la inflación a partir de 2028 y el mantenimiento de los dos días de teletrabajo. Sin embargo, los huelguistas ya habían rechazado ese acuerdo en asamblea porque estaba muy lejos de compensar la pérdida de poder adquisitivo sufrida desde 2020 y, sobre todo, porque no estaba a la altura de la fuerza que había adquirido el movimiento. Pero, peor aún que aceptar un acuerdo insuficiente, SIPA retiró el preaviso de huelga, haciendo que la huelga pasara a ser ilegal.

    La traición de SIPA y ATP fue vivida como un auténtico golpe, ya que iba en contra del funcionamiento democrático de la huelga. El 23 de julio por la mañana, mucha gente acudió al piquete y debatió sobre la traición de la noche anterior. Los delegados de SIPA tuvieron que dar explicaciones ante la asamblea y fueron insultados, llamados «ratas» y «vendidos».

    Estas maniobras, llevadas a cabo por la dirección con la complicidad de estos sindicatos, permitieron reanudar el trabajo en contra de la voluntad de los huelguistas. Después recurrieron a una supuesta democracia convocando un referéndum sobre el acuerdo en el que podían votar todos los empleados, incluidos quienes no habían participado en la huelga. El 24 de julio, el 80 % de los trabajadores acudió a votar. En el centro de Getafe hubo colas de hasta dos horas. Finalmente, en el conjunto de las fábricas, el «No» se impuso.

    A pesar de ese resultado, la legislación española, diseñada para favorecer a la patronal, impide actualmente volver a convocar una huelga legal. Por el momento, los trabajadores no se sienten en condiciones de sobrepasar esas barreras.

    Aun así, no han dicho su última palabra. La indignación sigue presente y muchos se preguntan cómo continuar la lucha a la vuelta de las vacaciones. Esta traición ha dejado un sabor amargo, aunque muchos huelguistas se sienten orgullosos de haber logrado organizar colectivamente el movimiento, siendo numerosos y permaneciendo unidos. Esta huelga demuestra la enorme importancia de poder controlar un movimiento de principio a fin, no solo mediante asambleas democráticas, sino también creando una auténtica dirección, elegida y controlada por los propios huelguistas, que responda únicamente a los intereses del movimiento.

  • 15 de julio de 2026

    Publicado en https://lutte-ouvriere.org/portail/

    Desde el 1 de julio, los trabajadores de Airbus en España están en huelga. Esta comenzó en Getafe, cerca de Madrid, en la mayor fábrica del grupo, donde trabajan 9.000 personas.

    Desde hace años, la dirección viene atacando las condiciones de trabajo: las bajas por enfermedad ya no se pagan íntegramente, las vacaciones se imponen en agosto y se ha prohibido a los obreros el acceso al comedor de la empresa. La empresa propuso una subida salarial del 3 %, algo que fue considerado ridículo teniendo en cuenta la inflación y los beneficios históricos de la compañía: 5.200 millones de euros en 2025. Por último, el pasado mes de abril, Guillaume Faury, consejero delegado de Airbus, anunció que los días de teletrabajo se reducirían a uno por semana. Esa fue la gota que colmó un vaso que ya estaba demasiado lleno.

    Iniciada el 1 de julio, la huelga fue rápidamente un éxito, aunque los sindicatos mayoritarios se opusieron a ella. Comisiones Obreras, sindicato mayoritario entre los obreros, declaró que «la huelga no debía ser un fin en sí mismo» y que podría convocarse, pero solo a partir del 7 de septiembre. Eso no desanimó a los huelguistas. Ante el éxito del movimiento, algunos sindicatos como la CGT, la UGT y SIPA acabaron brindándole su apoyo bajo la presión de sus afiliados.

    Muchos trabajadores participan por primera vez en una huelga y han tenido que organizarse por sí mismos. Es sobre todo en las asambleas diarias donde se toman las decisiones y se votan las reivindicaciones. Ya desde el 3 de julio, los trabajadores de oficinas en huelga intentaron convencer a los obreros de que se unieran al movimiento organizando asambleas a las 10 de la mañana, coincidiendo con su descanso. Desde el 9 de julio, numerosos obreros se sumaron a la huelga. Esto ha servido para estrechar la unidad entre trabajadores de oficina, técnicos y obreros de producción.

    Desde el comienzo, las asambleas han contado con una participación masiva. Los trabajadores corean «esto no se para» y todos tienen claro que la unidad frente a la dirección es su mejor arma. Se organizan en grupos de trabajo para llevar adelante las distintas tareas necesarias. El primer grupo fue el encargado del equipo de sonido, lo que permitió mejorar considerablemente la calidad de las intervenciones en la asamblea del día siguiente. También se está elaborando un pliego de reivindicaciones que será debatido y aprobado en asamblea antes de entregarlo a la dirección. Entre otras demandas, los huelguistas reclaman una subida salarial del 9 %, el respeto al pago íntegro de las bajas por enfermedad y una mayor flexibilidad para disfrutar de las vacaciones.

    Como consecuencia de la movilización en Getafe, las demás fábricas de Airbus en España (situadas en Sevilla, Cádiz y Albacete) comenzaron a sumarse al movimiento, organizando asambleas y votando a mano alzada la convocatoria de huelga. Illescas, la planta de la provincia de Toledo, fue la última en incorporarse. También se planteó la celebración de una manifestación estatal el 27 de julio, que reuniría a trabajadores de todos los centros.

    El desenlace de la movilización dependerá de la capacidad de los trabajadores para dirigir el movimiento, tal y como han empezado a hacerlo en Getafe, y de mantener la unidad que ha permitido extender la huelga al conjunto de la empresa.

    ¡Viva la lucha de los trabajadores de Airbus!

  • 3 de julio de 2026

    La destrucción del terremoto que sacudió el pasado miércoles 24 Venezuela no tiene precedentes en la historia reciente del país. Aún no conocemos la magnitud de víctimas que se ha cobrado el terremoto, porque continúan la mayoría sepultadas. Pero se habla de 50.000 desaparecidos, aparte de los más de 2.000 muertos encontrados.

    Se repite la tragedia que ocurre cada vez que un desastre natural arrasa un país pobre, como aún recordamos el desastre del terremoto de 2010 en Haití. Lo que en un país rico y con infraestructuras preparadas, como Japón, no tendría por qué acarrear víctimas, en Venezuela ha sido un caos.

    Desde el principio la población se ha volcado en el rescate trabajando sin descanso y a pesar de la falta de medios necesarios para el rescate de personas atrapadas.  Denuncian la falta de profesionales y maquinaria necesaria para levantar y romper escombros. Incluso hay voluntarios que denuncian llenos de rabia que aún haya militares portando fusiles en vez de palas.

    El desastre natural se agrava por la falta de infraestructuras preparadas en edificios viejos, construidos en zonas de riesgo de derrumbe, y también por la falta de capacidad del Estado para las labores de rescate. Despierta la rabia, desesperación y frustración de las personas que tienen a sus seres queridos aún sepultados, sin poder hacer nada.

    Es difícil de creer que en el año 2026, mientras se realizan viajes privados al espacio, y se invierte más y más en industria bélica, no se pueda hacer más por ayudar a prevenir estas catástrofes o ayudar en el rescate.

    EEUU de hecho tiene bajo tutela Venezuela desde que capturaron a Maduro en enero. Y es para cuestionarse qué está haciendo el país más rico y con más poder del mundo frente a la tragedia. Mientras que para la invasión y bombardeos del 3 de enero invirtió más de 3.000 millones de dólares, para ayuda humanitaria por el terremoto ha invertido 300 millones, es decir, 10 veces menos que para la invasión militar. Además, han permitido levantar temporalmente solo ciertas sanciones a Venezuela para poder permitir la entrada de material de primera necesidad. Para los dirigentes del mundo la prioridad es el petróleo, nunca las vidas de los pobres.

    Es para preguntarse en qué planeta vivimos. ¿Por qué, en un mundo en el que se internacionaliza la industria, comercio, incluso la guerra, no es posible mandar los medios necesarios a Venezuela para sacar a personas que agonizan bajo los escombros? 

    No podemos esperar más de los gobiernos imperialistas, cuya preocupación es saquear a terceros países y solo tienen desprecio para su población. De poco sirven también las donaciones de millonarios como Florentino Pérez, que son fruto del mismo sistema económico que genera una desigualdad galopante y que deja a la mayor parte de la población mundial vulnerable a las catástrofes.

    Como en otros desastres naturales, ha sido la base de población la que ha demostrado ser capaz de, contra todo, llevar la iniciativa en la ayuda y el rescate. Demuestran que como sociedad necesitamos organizar nosotros, los trabajadores de a pie, la economía y todos los medios del Estado. Nosotros queremos ponerlos a funcionar para salvar vidas y no para matarlas en guerras.

    Nuevos rumores de ERTE en Stellantis: las palabras de la dirección no valen nada

    Se escucha que en enero va a haber un ERTE. Un día la empresa nos hace creer que va a salvar puestos de trabajo y al día siguiente hace lo contrario, como es costumbre en la cultura empresarial. Lo único seguro en todo esto es que no nos podemos fiar de la palabra de la dirección para conservar los empleos.

  • 16 de junio de 2023

    La empresa SpaceX, ha salido al mercado de valores, convirtiendo a Elon Musk en el primer billonario de la historia, con una fortuna de 12 ceros en su cuenta. Si ganáramos durante 700 millones de años el SMI ni siquiera llegaríamos a esta cifra. Él solo, posee más riqueza que el 46% más pobre de la población mundial.

    Los últimos informes muestran que el 0,001% más rico del mundo, controla 3 veces más riqueza que la mitad de la humanidad. Es una locura. Sobre todo porque para que ese nivel absurdo de riqueza se concentre en pocas manos, es necesario que la gran mayoría de los trabajadores en el mundo vivan con cada vez mayores carencias. Los billones no aparecen en la cuenta de Musk y compañía por arte de magia, son fruto de la explotación de trabajadores de todo el mundo.

    Podemos pararnos a imaginar qué podríamos hacer con esa inmensa fortuna, seguro que no nos faltan ideas. Acabar con el hambre en el mundo, disfrutar de una sanidad de calidad, poder darle a los ancianos, niños y enfermos unos cuidados dignos, disponer de casas para todos… Lo más necesario y natural de la vida, para el capitalismo es imposible.

    Lo natural para el capitalismo es la desigualdad extrema, pero así está cavando su propia tumba. Cada vez somos más trabajadores en todo el mundo unidos en un mismo interés, contra una cada vez más pequeña y elitista burguesía. Tal vez por eso Musk, en vez de retirarse a una isla a gastar sus millones, se esfuerza tanto en promover entre nosotros las ideas racistas y de extrema derecha. Tienen miedo de lo que los trabajadores unidos podemos conquistar.


  • 16 de junio de 2026


    La semana pasada tuvimos el privilegio de recibir la visita de “su santidad” el Papa. Aunque puede ser entretenido sentir que estamos en la Edad Media en estas ceremonias con los reyes y el Papa, no sabemos  si vale la pena el gasto público y bloquear la ciudad por tres días.

    Pero lo más curioso es que ahora va a resultar que el Papa es la figura referente para el progresismo mundial. Esto si que no lo veíamos venir. Cómo de podrido está el mundo y cuán faltos estamos de referentes los trabajadores, que es capaz de destacarse como progresista un tipo que está a la cabeza de una organización plagada de abusadores de niños, militantes contra el aborto, el divorcio y la homosexualidad…

    Esa iglesia que siempre ha estado del lado de los poderosos. Aquí en España la conocemos bien, y no podemos olvidar que desde el principio han formado alianza con industriales y señoritos y fue un pilar de la dictadura para reprimir a los trabajadores. Aman a los pobres, sí, pero los quieren pobres y callados, no les gusta el pobre que se rebela contra su miseria.

    Es comprensible que en un mundo sumido en la guerra y cacerías racistas como las que están ocurriendo ahora en Belfast, cualquier declaración humanitaria, de solidaridad, pueda reconfortar. Pero viniendo de la Iglesia, solo puede ser una hipocresía. De nada sirve llamar a la fraternidad, a la solidaridad con los migrantes o declararse contra la guerra sin condenar y luchar contra el capitalismo que crea estos problemas.

  • 4 de junio de 2026

    Desde principios de abril, en Bolivia se extienden las movilizaciones populares. Las protestas comenzaron por la aprobación de una ley en el Senado, la Ley 1720, que abría las puertas a las grandes empresas para comprar y dejar sin tierras a los pequeños campesinos, en su mayoría indígenas. Cientos de indígenas comenzaron en ese momento una marcha hacia la capital, para exigir la eliminación de la ley.

    Esta ola de movilizaciones pronto fue más allá y se ha extendido entre la población. Se suman multitud de protestas contra la crisis, que se ha agravado desde 2023. Las clases populares sufren el altísimo coste de la vida, la escasez o la mala calidad de la gasolina, que llega a romper los motores de los coches.

    Han salido a protestar en una huelga indefinida agrupaciones de trabajadores industriales, de mineros, de campesinos, de profesores, etc. que piden aumentos del 30% del salario, una reforma agraria y la dimisión del presidente. Estos han tomado las calles: cortan multitud de carreteras impidiendo el paso de suministros a la capital, incluso impiden aterrizar aviones mandados desde Argentina para apoyar al gobierno.

    La policía reprime duramente a los manifestantes, y el gobierno ya ha aprobado una ley que le permite movilizar al ejército y declarar el estado de excepción ante las protestas. En Bolivia como en todo el mundo, el mayor peligro para los que se enriquecen gracias a los trabajadores son nuestras luchas.

    Y para nosotros, esta puede ser nuestra mayor inspiración, trabajadores como nosotros que en cualquier parte del mundo deciden pelear.

  • 4 de junio de 2026

    Por muy acostumbrados que estemos a la corrupción de los políticos y empresarios, no deja de ser indignante. Y tanto más cuando estos listos lo hacen asociados al nombre del “socialismo”. Es verdad que se dice desde hace tiempo que el Partido Socialista Obrero Español debería quitarse la S y la O de sus siglas. Pero a veces, sobre todo frente a la derecha tan sumamente retrógrada y también corrupta que tenemos, intentan convencernos de que esa izquierda es el mal menor (porque “bien”, sabemos todos que no es una opción).

    Muchas voces -la primera la del gobierno- se alzan denunciando que la investigación a Zapatero es una trama contra el gobierno y el PSOE. Pero más allá de si lo es o no; incluso si lo es, nos están enseñando qué clase de persona es el expresidente socialista. Ya en 2008 tuvo la oportunidad de retratarse, haciendo tragar la peor crisis de la historia reciente a los trabajadores.

    Intentan hacernos creer que son de los nuestros, ganar nuestra confianza para hacer carrera, conseguir su puesto en el congreso y expandir sus negocios. Y con la inflación por las nubes y la vivienda imposible, es normal la rabia y la decepción de tantos que confían en un gobierno más progresista. Pero esta gente no puede estar más lejos de ser uno de nosotros ¿a qué trabajador le puede resultar familiar la imagen de las joyas guardadas en la caja fuerte de Zapatero?

    Esto no es ni siquiera la punta del iceberg. Siempre que se habla de corrupción se tapa a los corruptores, a los empresarios, que quedan indemnes. Y si hay que hablar de corrupción, podemos empezar por el sistema capitalista, corrupto desde la raíz, que por el mero hecho de heredar, le da al patrón el poder de enriquecerse ejerciendo una dictadura permanente sobre la plantilla: decidir los minutos de descanso, si libramos el finde o no, si este mes cobramos las horas extra o no, si mañana nos quedamos sin trabajo y, al final, si comemos o nos toca ponernos a dieta.

    Amancio Ortega o la familia Peugeot no necesitan cometer ninguna ilegalidad para enriquecerse robando el fruto de nuestro trabajo colectivo. ¿Por qué se condena la corrupción política pero la que nos aplasta a diario es aceptable? Es hora de deshacerse de estos parásitos de la sociedad, corruptos y corruptores.