23 de enero 2026
Hace ya casi un mes que comenzó la oleada de protestas que recorren Irán. La chispa que las hizo estallar fue la brutal inflación que hay en el país, agravada por las sanciones económicas de EEUU. Esta vez los comerciantes fueron los primeros en salir a las calles, pero estas protestas se han extendido rápidamente a estudiantes, feministas y la clase obrera. Y ya no solo se trata de un problema de precios, sino que la población protesta contra un régimen opresivo y dictatorial, que aplasta cada vez más a los que menos tienen.
Las protestas han sido duramente reprimidas por el gobierno del ayatollah Khameni: se han cortado las telecomunicaciones y se habla de al menos 3.000 asesinados y unos 20.000 detenidos, entre ellos 800 se enfrentan a la pena de muerte.
Trump de la manera más cínica posible, amenaza con intervenir si continúa la represión, cuando tienen la responsabilidad de imponer las sanciones que estrangulan al pueblo. Y mientras, aparece el hijo del Shah proponiéndose como nuevo caudillo, como si los iraníes no conocieran ya la dictadura de la monarquía del Shah, contra la que se rebelaron en 1979.
La lucha de los trabajadores iraníes puede ser determinante para generar algo más que el paso de un dictador a otro que no será muy diferente. Puede ser un primer paso para transformar la sociedad entera, quitándole el poder a una minoría explotadora para que la sociedad pueda ser organizada por los trabajadores.
Recogemos, a continuación, un llamamiento firmado por los Consejos Obreros de la ciudad de Arak, que se sitúa a unos 300km de Teherán. Este llamamiento nos ayuda a entender cuál puede ser la fuerza de los trabajadores, nuestra organización para gobernar la sociedad:
“Durante décadas, nuestro trabajo ha sido respondido con balas y nuestras demandas con penas de prisión. Pero hoy, el silencio ha terminado. Nosotros, los trabajadores de las fábricas de Arak, seguiremos luchando y declaramos claramente:
A partir de ahora, la gestión de las fábricas Makine Sazi, Azarab y Vagon Pars estará en manos de consejos obreros elegidos por los propios trabajadores. Ya no reconocemos a los líderes designados por el Estado ni a los sindicatos títeres del régimen. Nuestra huelga ya no es por salarios. Pedimos a los ciudadanos de Arak que creen consejos vecinales para gestionar la seguridad y la logística. Las fábricas son nuestro hogar.
Defensa de los soldados: Hacemos un llamamiento a nuestros hermanos del ejército: No se conviertan en los asesinos de sus propios padres. Si se unen a nosotros, nuestros consejos garantizarán su seguridad y la de sus familias.
Ultimátum al régimen: cualquier intento de entrar por la fuerza en los complejos industriales o arrestar a nuestros representantes se considerará una declaración de guerra contra toda la ciudad. Si se derrama una sola gota de sangre obrera, las llamas de la revuelta no dejarán rastro de las autoridades.
No estamos aquí simplemente para exigir el pago de salarios pendientes. Estamos aquí para decidir cómo deben gestionarse estas fábricas y este país. El reinado de patrones y mulás ha terminado.”
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