26 de marzo de 2026
La guerra contra Irán que iniciaron Estados Unidos e Israel está conmocionando a todo el planeta, principalmente a la población de los países atacados. En Irán, los bombardeos han asesinado a más de 1.200 personas. En Líbano se superan los 800 muertos y han sido desplazadas más de un millón de personas por los ataques de Israel, que trata de ocupar el sur del país y hace un infierno de ciudades como Beirut.
Esta guerra también golpea al resto del mundo en forma de crisis económica e inflación. Durante las últimas semanas los precios se han disparado con la excusa del bloqueo del estrecho de Ormuz, aunque solo el 5% del petróleo que llega a España pasa por ese canal. Suben también los precios de los fertilizantes, lo que anticipa el aumento de los precios de los productos de alimentación y de consumo básico.
En este escenario, todos piden su parte. Los agricultores reclaman ayudas. Las empresas de transporte, bonificaciones al combustible. Incluso millonarios como Juan Roig, el propietario de Mercadona, lloriquean diciendo que al subir las materias primas, muy a su pesar tendrá que subir los precios… Poca empatía despierta cuando acto seguido presenta su excelente cuenta de resultados.
Los trabajadores tenemos peor suerte que cualquier mercancía. Todas tienen su subida inmediata de precio, pero nosotros tenemos el mismo salario congelado, como si no subiera también el coste para mantenernos.
Estos señores empresarios respetan cada subida de energía y materias primas, no regatean su precio. Pero ante cualquier aumento del salario se vuelven intransigentes, y pelean como fieras aunque la subida sea mínima. Aunque es absurdo e incomprensible, una subida de salario que nos permita comprar 5 kilos de patatas es inadmisible en el capitalismo.
Si todos los empresarios trasladan la subida de precios al producto, pero se niegan a aceptar la subida de los salarios, esto significa que somos nosotros los que estamos pagando con nuestros sueldos (ya de por sí bajos) la inflación.
Los ricos no van a apretarse el cinturón, ellos van a seguir manteniendo sus beneficios crecientes. Pero para que ellos vivan a todo trapo, nosotros vamos a tener que vivir peor. Estos son nuestros verdaderos enemigos, los tenemos todos en nuestro propio país, que no nos hablen de tiranos de otros pueblos.
En esta crisis, las medidas que decide tomar el gobierno son ante todo complacientes con los empresarios: bajada del IVA en el consumo energético, subvenciones al sector del transporte y en la compra de fertilizante para los agricultores. Está por ver si esos 5.000 millones de dinero público no irán directos al bolsillo de los empresarios que se acojan a la bonificación pero sigan subiendo los precios del producto, como ya ocurrió la anterior vez que se bonificó el precio de la gasolina con la guerra de Ucrania.
Para hacer frente a las subidas de precios necesitamos exigir un salario siempre acorde al IPC y prohibir la especulación. Claramente no es algo que nos vayan a regalar, solo podemos ejercer la presión necesaria luchando. Y ante todo, necesitamos arrancar del poder a esta clase social que especula y se beneficia de nuestro trabajo, de nuestro pan, y que nos manda a matar y morir por sus intereses en pueblos a miles de kilómetros de aquí.
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