10 de marzo de 2026

Traducción del periódico Lutte Ouvrière. Texto completo en lutte-ouvriere.org

Tras meses de amenazas a Irán, el pasado 28 de febrero EEUU e Israel bombardearon Irán, desatando una guerra en toda la región. Irán respondió de vuelta lanzando misiles sobre Arabia Saudí, Qatar, Bahréin, Dubái y bases militares británicas en Chipre.

Esta guerra ya ha superado los miles de muertos, entre ellos 175 niñas asesinadas en un bombardeo en su colegio, y no sabemos cuántos más van a venir. Los gobiernos de EEUU e Israel ya han demostrado que no tienen escrúpulos a la hora de matar, lo hemos visto en estos últimos años en Gaza. Han desolado la zona y se han llevado las vidas de 70.000 personas.

Es entendible la alegría de los iraníes que celebraron la muerte de Ali Jamenei. Pero es una mentira que esta guerra se haya hecho para liberar a los iraníes de un régimen opresivo.

El objetivo de EEUU no es defender al pueblo iraní, sino someterlo a sus intereses por la fuerza de las armas. EEUU quiere un régimen que esté a su merced en Irán. También lo quiere para Cuba, Venezuela o Groenlandia. Al igual que lo quería en Ucrania, lo que provocó la guerra con Rusia.

Este es un paso más en el camino hacia la guerra mundial. Y, a su escala, nuestros propios dirigentes contribuyen a la carrera bélica. Los presidentes alemán, británico y francés se han puesto detrás de Trump. Pedro Sánchez dice que su posición es “no a la guerra”, pero esta afirmación parece una broma, cuando vemos que en 5 años el gasto militar se ha duplicado, y se envía ahora una fragata a Chipre. Aunque Sánchez sea el dirigente que más enseña los dientes, sin duda sigue en el mismo bando que EEUU. España sigue formando parte de la OTAN y tiene en su territorio las bases estadounidenses de Rota y Morón.

Es una locura que, en pleno 2026, en un mundo lleno de recursos, con infinidad de conocimientos, avances, de medios y posibilidades para satisfacer las necesidades de toda la población, la humanidad vaya hacia su destrucción con el rearme a toda velocidad.

Nos llevan hacia una guerra generalizada por los intereses de unos pocos ricos, que acumulan dinero hasta el absurdo y viven en una batalla salvaje por aumentar sus beneficios como sea. Es por los intereses de este puñado de buitres por los que tendrán que pagar nuestros hijos en el futuro. ¡Los intereses de quienes no hacen más que pisotear a los trabajadores!

Nos sentimos impotentes e incapaces de impedirlo. Es una tragedia, porque el peso de los trabajadores en la sociedad es tan grande que somos los únicos que podrían poner freno a una posible guerra. Por ello es urgente retomar la conciencia de clase, y trabajar para construir organizaciones de trabajadores. Debemos tomar el poder de la sociedad y gestionarla nosotros mismos.

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