16 de junio de 2026
La semana pasada tuvimos el privilegio de recibir la visita de “su santidad” el Papa. Aunque puede ser entretenido sentir que estamos en la Edad Media en estas ceremonias con los reyes y el Papa, no sabemos si vale la pena el gasto público y bloquear la ciudad por tres días.
Pero lo más curioso es que ahora va a resultar que el Papa es la figura referente para el progresismo mundial. Esto si que no lo veíamos venir. Cómo de podrido está el mundo y cuán faltos estamos de referentes los trabajadores, que es capaz de destacarse como progresista un tipo que está a la cabeza de una organización plagada de abusadores de niños, militantes contra el aborto, el divorcio y la homosexualidad…
Esa iglesia que siempre ha estado del lado de los poderosos. Aquí en España la conocemos bien, y no podemos olvidar que desde el principio han formado alianza con industriales y señoritos y fue un pilar de la dictadura para reprimir a los trabajadores. Aman a los pobres, sí, pero los quieren pobres y callados, no les gusta el pobre que se rebela contra su miseria.
Es comprensible que en un mundo sumido en la guerra y cacerías racistas como las que están ocurriendo ahora en Belfast, cualquier declaración humanitaria, de solidaridad, pueda reconfortar. Pero viniendo de la Iglesia, solo puede ser una hipocresía. De nada sirve llamar a la fraternidad, a la solidaridad con los migrantes o declararse contra la guerra sin condenar y luchar contra el capitalismo que crea estos problemas.
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