3 de julio de 2026
La destrucción del terremoto que sacudió el pasado miércoles 24 Venezuela no tiene precedentes en la historia reciente del país. Aún no conocemos la magnitud de víctimas que se ha cobrado el terremoto, porque continúan la mayoría sepultadas. Pero se habla de 50.000 desaparecidos, aparte de los más de 2.000 muertos encontrados.
Se repite la tragedia que ocurre cada vez que un desastre natural arrasa un país pobre, como aún recordamos el desastre del terremoto de 2010 en Haití. Lo que en un país rico y con infraestructuras preparadas, como Japón, no tendría por qué acarrear víctimas, en Venezuela ha sido un caos.
Desde el principio la población se ha volcado en el rescate trabajando sin descanso y a pesar de la falta de medios necesarios para el rescate de personas atrapadas. Denuncian la falta de profesionales y maquinaria necesaria para levantar y romper escombros. Incluso hay voluntarios que denuncian llenos de rabia que aún haya militares portando fusiles en vez de palas.
El desastre natural se agrava por la falta de infraestructuras preparadas en edificios viejos, construidos en zonas de riesgo de derrumbe, y también por la falta de capacidad del Estado para las labores de rescate. Despierta la rabia, desesperación y frustración de las personas que tienen a sus seres queridos aún sepultados, sin poder hacer nada.
Es difícil de creer que en el año 2026, mientras se realizan viajes privados al espacio, y se invierte más y más en industria bélica, no se pueda hacer más por ayudar a prevenir estas catástrofes o ayudar en el rescate.
EEUU de hecho tiene bajo tutela Venezuela desde que capturaron a Maduro en enero. Y es para cuestionarse qué está haciendo el país más rico y con más poder del mundo frente a la tragedia. Mientras que para la invasión y bombardeos del 3 de enero invirtió más de 3.000 millones de dólares, para ayuda humanitaria por el terremoto ha invertido 300 millones, es decir, 10 veces menos que para la invasión militar. Además, han permitido levantar temporalmente solo ciertas sanciones a Venezuela para poder permitir la entrada de material de primera necesidad. Para los dirigentes del mundo la prioridad es el petróleo, nunca las vidas de los pobres.
Es para preguntarse en qué planeta vivimos. ¿Por qué, en un mundo en el que se internacionaliza la industria, comercio, incluso la guerra, no es posible mandar los medios necesarios a Venezuela para sacar a personas que agonizan bajo los escombros?
No podemos esperar más de los gobiernos imperialistas, cuya preocupación es saquear a terceros países y solo tienen desprecio para su población. De poco sirven también las donaciones de millonarios como Florentino Pérez, que son fruto del mismo sistema económico que genera una desigualdad galopante y que deja a la mayor parte de la población mundial vulnerable a las catástrofes.
Como en otros desastres naturales, ha sido la base de población la que ha demostrado ser capaz de, contra todo, llevar la iniciativa en la ayuda y el rescate. Demuestran que como sociedad necesitamos organizar nosotros, los trabajadores de a pie, la economía y todos los medios del Estado. Nosotros queremos ponerlos a funcionar para salvar vidas y no para matarlas en guerras.
Nuevos rumores de ERTE en Stellantis: las palabras de la dirección no valen nada
Se escucha que en enero va a haber un ERTE. Un día la empresa nos hace creer que va a salvar puestos de trabajo y al día siguiente hace lo contrario, como es costumbre en la cultura empresarial. Lo único seguro en todo esto es que no nos podemos fiar de la palabra de la dirección para conservar los empleos.
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