Según una reciente encuesta del CIS, 2/3 de los españoles piensan que el mundo va a peor. Está claro que algo no va bien y que a pesar de que pasen los años, cada vez más gente tiene la impresión de ir para atrás.
Cada día, dedicamos nuestra energía a un trabajo, por un salario que no alcanza a pagarnos una vida en nuestras ciudades. El obrero de la construcción no puede permitirse una casa, el obrero de Stellantis no puede permitirse un coche (a menos que un parásito quiera concederles un préstamo), el temporero que recoge la fruta y verdura vive en la indigencia. ¿Cómo hemos podido llegar a aceptar esto?

Creo que sería imposible que un ser humano que vivía en comunidades prehistóricas pudiera entender que trabajemos 8 horas al día todos los días y no sea para cubrir nuestras necesidades directamente, sino para hacer dinero.

Verdaderamente estamos viviendo unos tiempos muy extraños, en los que la inmensa mayoría de seres humanos vivimos con privaciones para que personas contadas puedan alcanzar un nivel de riqueza absurdo, más dinero del que jamás podrán gastar.

Y después de esto, nos toca tragarnos la frustración e impotencia solos. Han hecho todo lo posible para que gane el individualismo. La idea de luchar por salir adelante uno solo y no importa cuántos queden atrás. De ahí tantos personajes de internet haciendo dinero despreciando a los trabajadores. Lo que no son capaces de explicarnos es cómo funcionaría el mundo sin esos “mileuristas”, ¿quién va a darles de comer, fabricar sus coches, construir su casa y llevarles la electricidad a estos iluminados? ¿Y se supone que tenemos que creer en la meritocracia del capitalismo? Cuando los que trabajan no tienen nada, y los que no dan palo al agua acumulan enorme fortuna.

La realidad es que necesitan una gran masa de trabajadores a los que explotar para poder mantener su nivel de vida. Por eso, esta idea de que a través del esfuerzo y sacrificio podremos conseguir prosperar, es necesariamente una mentira para la gran mayoría de los trabajadores. Además de que no deja de ser irónico que precisamente a los obreros, nos den lecciones de esfuerzo aquellos que no saben su significado. Solo son propagandistas de la patronal, que le hacen el trabajo para que aceptemos mejor la explotación.

A los poderosos les gustaría que nos resignemos a agachar la cabeza, descargar nuestra frustración en el inmigrante, evadirnos consumiendo o viendo videos adictivos e insustanciales en las redes sociales. Pero lo que necesitamos es hablar entre nosotros, nuestros compañeros, amigos, vecinos, de los problemas que tiene cada uno, y darnos cuenta de que son compartidos, que estamos en las mismas todos. Y que la única manera de ponerles remedio también es juntos.

Solos no podemos, pero como clase social, los trabajadores han conseguido imponerse siempre organizando huelgas y revoluciones. Y hayan durado más o hayan durado menos, estas experiencias han demostrado que hay una alternativa al “qué le vamos a hacer” o “es lo que hay”. Los trabajadores somos capaces de dar la batalla.

La vida tiene que ser algo distinto a esto. Tener la gran suerte de nacer, ¿para dedicar una vida a pagar facturas? Somos vida inteligente, capaz de apreciar la naturaleza, de crear arte, de reír, amar… Tiene que haber otra manera de vivir la vida.

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