Desde la dirección de Stellantis se ha tomado la decisión de interrumpir la producción. Esto supone el paro y falta de ingresos para los temporales, y el tener que recuperar una cantidad desorbitada de horas para los fijos. Lo ha decidido un pequeño grupo de hombres que consideran que las decenas de miles de obreros que fabrican los coches de este grupo no pueden decir algo al respecto.
En cualquier caso, la realidad es que el grupo Stellantis anuncia beneficios de 74.300 millones de euros, mientras empobrece a sus trabajadores en todas las fábricas del grupo. Villaverde no es una excepción en los paros. En Francia y Bélgica también es la política del grupo.
Está claro que nuestras preocupaciones por tener trabajo y llegar a fin de mes no son las suyas. Para que los accionistas se llenen los bolsillos y tengan una vida llena de lujos, somos los trabajadores quienes pasamos la vida agobiados trabajando y cobrando unos salarios que no alcanzan para lo necesario para la vida.
Pero esto no solo ocurre en Stellantis, no es un caso aislado. Los trabajadores en todo el mundo viven ataques similares. Esta semana se ha anunciado que Amazon va a eliminar 14.000 trabajos, 1.200 trabajadores afectados en España. Telefónica, como acostumbra ya cada año, se prepara para un nuevo ERE, después del que ejecutaron el año pasado para 3.400 empleados. Son solo dos ejemplos de una infinidad de empresas que intentan exprimir más beneficios haciendo trabajar más por el mismo salario, mientras aumenta el número de parados.
Nos podrán decir que la competencia con China les obliga a parar, a cerrar, a recrudecer nuestras condiciones laborales… incluso que necesitan ayudas de nuestro dinero público para sacar adelante la producción. Es curioso que nunca se les ocurra recurrir al dinero de los dividendos de los accionistas.
En realidad, es que su sistema capitalista está en una crisis de la que no son capaces de salir, y sólo pueden explotarnos más para poder mantener sus ganancias. No tenemos que responsabilizarnos de su sistema económico fallido, no podemos seguir pagando con nuestras vidas para mantenerlo a flote. Hay que quitarle a esta clase social el mando de la sociedad; ni siquiera son capaces de proveer lo más básico, un empleo y salario.
Los trabajadores podemos hacer otra cosa que aguantar y apretar los dientes. En la sociedad hay riqueza de sobra para que el trabajo se pueda repartir entre todos y que todos cobremos un sueldo decente.
Para organizar el mundo de otro modo hay que quitar del poder a la clase capitalista, y controlar nosotros mismos la economía. Podemos empezar por agruparnos los trabajadores para discutir estas cuestiones y tener una perspectiva propia, que defienda nuestros intereses.
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