Estos días hemos tenido que escuchar la nueva propuesta racista de la derecha en España: un sistema de visado por puntos para los inmigrantes. Proponen permitir la entrada al país a inmigrantes a condición de trabajar en sectores donde hace falta mano de obra (construcción, sector primario, atención a personas dependientes) y priorizar a aquellos migrantes que tengan más “proximidad cultural”. Esto responde a una presión creciente en todo el mundo hacia la extrema derecha. En un mundo cada vez más ahogado en una crisis de la que parece que el propio capitalismo no es capaz de salir, se intenta dirigir nuestra rabia contra nosotros mismos.
En Reino Unido, la extrema derecha propone eliminar la residencia permanente para extranjeros, y el partido laborista tampoco se corta a la hora de proponer medidas antiinmigración.
En Estados Unidos, los migrantes se enfrentan directamente a persecuciones por parte del ICE. En algunos barrios cuentan que las calles están vacías, que han dejado de hacer vida normal para encerrarse en casa. Pueden ser capturados y deportados en cualquier momento porque hay redadas constantes, incluso en los centros de trabajo. Esto hace que muchos trabajadores tengan que elegir entre ir a trabajar con el miedo a que les deporten o no hacerlo y no poder pagar sus facturas.
Es normal sentir rabia contra Trump o todos estos personajes, que tratan a los migrantes como si fueran criminales cuando la realidad es que, como hacemos todos, no hacen más que intentar ganarse la vida. Pero tenemos que ser conscientes de que todos estos políticos hacen la política de la patronal. Y, al final, cuando piden de manera descarada inmigrantes para sectores donde hace falta mano de obra, están buscando crear esclavos entre la clase obrera. Porque sabemos las condiciones de explotación en que trabajan los jornaleros migrantes en las huertas de Murcia, donde luego además van a ser acusados de delincuentes y sufrir el acoso de la extrema derecha: trabajos en negro, de sol a sol, bajo temperaturas de más de 40 grados y por sueldos que no llegan ni al salario mínimo. Sin hablar de los trabajadores que han muerto por culpa de estas condiciones, y han sido abandonados por los patrones en la puerta del hospital.
Lo mismo ocurre en la construcción. Es el caso del reciente derrumbamiento del edificio en obras en el centro de Madrid, en el que han muerto sepultados tres trabajadores migrantes, de África y América Latina. Más de 40 obreros (la gran mayoría como vemos migrantes) trabajaban en esta obra para levantar un hotel de lujo, y han pagado con su vida la falta de medidas de seguridad de la empresa. ¿Se han ganado ya el derecho a trabajar en España o no es suficiente aún? Y todavía tendremos que escuchar que los migrantes viven del cuento… Comparado con la realidad que vemos en el campo, las obras y otros trabajos que realizan sobre todo los inmigrantes, el discurso de que tienen más privilegios es repulsivo.
A los empresarios les interesa enormemente mantener a una creciente capa de la clase obrera en condiciones de semi-esclavitud y con el miedo de ser denunciados, deportados, encarcelados… un miedo que les impida abrir la boca y quejarse. Por eso, un ataque a los migrantes es un ataque a la clase obrera, y debemos tomarnos cualquier ataque a nuestros hermanos de distinta nacionalidad como si fuera a nosotros mismos.
La clase capitalista, porque es consciente de la fuerza que tenemos los trabajadores colectivamente, va a intentar dividirnos para que nos culpemos entre nosotros de la miseria que ellos han creado. Pero, precisamente, a sus políticas racistas e intentos de dividirnos debemos responder todos los trabajadores unidos, porque la unión es nuestra fuerza.
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