¿QUÉ DEFENDEMOS?

Tenemos multitud de razones para querer cambiar la sociedad en la que vivimos:

Alrededor del mundo hay una inquietud constante sobre qué va a pasar: en los últimos años hemos vivido guerras y la masacre de pueblos enteros de la manera más inhumana posible, sometiendo a la población a hambrunas y bombardeos. 

Tampoco ha dejado de existir la explotación en los países pobres, donde las grandes potencias intervienen únicamente para apoderarse de los recursos estratégicos, sin que les importe lo más mínimo las vidas de las personas que allí viven.

 La barbarie de la sociedad capitalista lleva incluso hacia la destrucción de nuestro planeta, afectado por el cambio climático y la contaminación que producen en su mayor parte los gigantes industriales porque quieren reducir costes para acaparar más beneficios.

En los países ricos para los trabajadores la situación no mejora. La realidad es que se hace complicado llegar a todo: los precios están por las nubes y los salarios no aumentan. Hasta los servicios más básicos, como la sanidad o la educación se deterioran cada vez más, y el dinero que podría destinarse a esto lo pagamos con el incremento del gasto en armamento.

Todo esto no es casual, ni tiene que ver con los gobiernos de turno que estén en el poder en cada momento. La sociedad capitalista está basada en la explotación.  Los capitalistas son los propietarios de los medios de producción, y como tales pueden organizar la sociedad a su antojo. Son los empresarios, los banqueros o los grandes terratenientes los que deciden lo que se produce y cómo. Pero todo se organiza en torno al beneficio de esta clase social, sin importar el interés común, aún si eso supone mandar a parte de la población a morir en guerras absurdas por el lucro, dejar sin trabajo a plantillas enteras, o impedir el acceso a algo tan básico y fundamental como la vivienda.

Por eso defendemos ideas revolucionarias. No tenemos esperanzas en que desde el parlamento se pueda cambiar el mundo. Todas las mejoras de las que disfrutamos hoy en día no han caído del cielo, han sido fruto de la lucha. Para transformar la sociedad es necesaria una revolución en la que la clase trabajadora tome el poder de la sociedad, expropiando a los capitalistas y organizando la producción en base a las necesidades colectivas, y no a los beneficios de un puñado de millonarios.

La única clase social que tiene la fuerza para cambiar el mundo son los trabajadores, por su rol productivo en la sociedad, por el papel revolucionario que vemos que ha tenido en la historia, y porque somos la inmensa mayoría.

El mundo se mueve gracias a nuestro trabajo, y cuando los trabajadores paran, se paraliza todo. Somos quienes hacemos funcionar la sociedad, y por ello debemos también controlarla.

Necesitamos unirnos y ser conscientes de esta fuerza que tenemos los trabajadores en el mundo. Hoy más que nunca, cuando el capitalismo nos empuja hacia la barbarie y aumentan cada vez más las ideas reaccionarias, es necesario organizarse entre trabajadores y defender las ideas comunistas, que son lo único que ha permitido en la historia hacer frente a los golpes del capitalismo.

Creemos en el futuro de la humanidad, por eso somos comunistas, y queremos continuar el legado de todos los revolucionarios que han luchado por transformar la sociedad. Es necesario que existan hoy en día personas con ideas revolucionarias. Hoy no vivimos periodos de luchas intensas, pero lo que está claro es que el capitalismo sienta las bases para esas luchas en el futuro, porque cada vez hace más insoportables nuestras vidas. Ni siquiera tenemos garantizada la vida en paz, pues cada vez más nos preparan para asumir que puede haber una guerra.

Si el día de mañana hay luchas, es necesario que nos preparemos para ellas. Tendrá que haber quienes defiendan ideas comunistas, para no conformarnos con pequeñas concesiones y migajas, sino para acabar con la sociedad capitalista y su explotación.